sábado, 14 de octubre de 2017

Informe Tau sobre los Comisarios y la devoción al emperador.


La percepción que se tiene popularmente de un Comisario de la Guardia Imperial es la de un individuo cruel, sádico, cínico, arrogante, y lerdo, con un bajo nivel cultural que ha sufrido un exhaustivo lavado de mente, al que se le ha grabado a sangre y fuego el dogma del Imperio. 

Este individuo es un ser que inspira miedo entre sus tropas, y a su vez, transmite una suave sensación de tranquilidad pese al monstruo que alberga en su interior.

Hemos detectado que nuestra percepción con estos individuos es totalmente falsa. Para empezar, no se trata de humanos sin formación. En la mayoría de los casos, su carrera militar ha venido acompañada de otra formación superior, por lo que la mayoría de estos individuos son gente intelectual comprometida a niveles extremos con el servicio al Emperador. Hemos seguido la trayectoria y las experiencias de una cincuentena de Comisarios que han sido tomado presos, y mayoría de ellos habían ostentando oficios en el Adeptus Ministorum antes de ingresar en el ejército. Entre ellos había abogados, economistas, políticos, gente aristocrática, filólogos y filósofos de la doctrina imperial. Todos ellos gente cultivada en las artes, en las letras y en las ciencias.

Hay un fuerte contraste entre los Comisarios y el resto de oficiales de la Guardia Imperial. Un oficial por norma general puede llegar a tener más respeto por sus tropas e incluso por el enemigo que un Comisario. Además su formación suele ser más básica y su estatus social más modesto, viniendo de mundos agrarios o mineros. El oficial común dispone de una humildad que les hace destacar por el resto de tropa, por lo que los sargentos y tenientes son bien valorados y respetados por sus soldados.

Los Comisarios por el contrario han llegado a convertirse en auténticos asesinos de masas con uniforme. Tenemos el caso del Comisario Savron del tercer regimiento de Cadia, un devoto del Emperador comprometido con su doctrina. De formación teórico militar y de profesión cronista, fue un hombre de acción y resultó herido en numerosas ocasiones, pero su pasado e incluso su presente son espantosos. Gracias a la transferencia de memoria que le aplicamos al preso (no sin oponer gran resistencia) se logró visualizar terroríficas escenas de su vida. En una de ellas vimos como ordenó purgar una ciudad que presentaba indicios de culto al caos. Para ello ordenó traer a una mujer presa y a su bebé y los mató con su arma reglamentaria ante toda la tropa para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea aquel día. Al caer la noche, la ciudad era un cúmulo de cimientos. Durante aquella jornada Savron no dudó en disparar a varios soldados que sollozaban ante el horror en el que estaban participando.

Resulta curioso ver que el Comisario Savron y otros como él, gente muy formada, pudieran convertirse en grandes genocidas, pero el Imperio es un sistema de creencias que genera mucho fervor hacia el Emperador, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los devotos. Si examinamos las masacres que ha cometido el imperio en cualquier cruzada, encontraremos innumerables eruditos liderando o imponiendo estos patrones.

Los Marines Espaciales pueden llegar a extremismos similares, pero, a no ser que luchen contra Xenos, no denotan la satisfacción o recreación en sus masacres como la que se puede presenciar por parte de los Comisarios de la Guardia Imperial. 

El problema radica en que, generación tras generación, los jóvenes imperiales experimentan  la racionalización política hacia la extrema devoción por el Emperador con marcado énfasis racial. Las tropas, en su mayoría provenientes de mundos obreros, entran de manera generalizada a servir en el ejército para escapar de la semiesclavitud de sus mundos. Aquellos que sean fervientes y con cierta cultura serán destinados a roles mucho más elitistas como Capitanías o Comisarios.

Pero la propia humanidad no es ciega ante su propio exterminio. ¿Acaso el Imperio no les inspira repugnancia moral? Desgraciadamente no. Su moral se debe a que ha sido construida social y políticamente con arraigos al credo del Emperador. La Herejía de Horus ha marcado a la humanidad el deber del Emperador pese a que la mayoría de sus habitantes no son capaces de nombrar a un solo Primarca. Ese falso duelo por la muerte del Emperador y la sensación de que se libraba un combate definitivo por la supervivencia de la humanidad está llevado a su civilización al borde de la barbarie.

Las campañas de Abaddon contra la humanidad han aumentado el odio de las tropas Imperiales hacia lo desconocido. El Imperio  retornó a la guerra total de una forma aún más radicalizada clamando por su supremacía racial. Hasta entonces las campañas militares habían sido una guerra de venganza sujeta a intereses del Ministorum, pero en el último milenio, la guerra se ha convertido en una cruzada sin cuartel.

El Imperio vive y viven de una confrontación indefinida hacia un enemigo eterno que tiene dos caras: el del insurgente golpista y la radical que reniega del Emperador, como los Xenos. Para el Imperio no hay diferencia entre la población civil exterminada sin cuartel ante el mínimo indicio de sedición, o las invasiones del caos a las que lanzan numerosos ejércitos que a duras penas logran mantener con armas y alimentos (las numerosas bajas permiten soportar a los regimientos restantes con su escasa su logística militar). En su lógica, frenar al Caos podía implica exterminar a una población inconforme con el régimen totalitario de un alejado de la mano del Imperio. Cualquier ofensa es reprimida, cualquier duda es castigada. Este imperativo ha constriudo la legitimidad del genocidio. Por lo que el dogma ha sido y es “El Imperio o el Caos".

Así se explican el comportamiento de los Comisarios. Ellos prevén el peligro mortal que afronta el Imperio, así que, para que la sociedad sobreviva, han de erradicar a cualquier signo de disidencia para cumplir los designios del Emperador. De esta forma, los Comisarios son personas ideológicamente muy comprometidas, activistas puros con una perspectiva en la que se dan la mano el entusiasmo, la angustia, el pánico y la crueldad. Son oficiales muy convencidos de lo que dicen y hacen. Y no dudan en demostrarlo.

Su meta puede llegar a extremos como el del Lord Comissar Lery Ceos y sus infames tropas nombradas como “Los reformados”. Dicha unidad es famosa por nutrirse de delincuentes convictos de delitos de sangre o peores barbaridades. Toda la unidad era despreciada incluso por muchos mandos del Ejército. Pero sus éxitos les valieron el reconocimiento, y participaron en numerosas operaciones contra tropas insumisas pese a que les dieron una reputación de brutalidad incluso en el marco de las políticas imperiales. Estas tropas combatían de una forma despiadada realizando acciones de exterminio de población civil y soldados presos, e interviniendo contra alzamientos de manera especialmente vil. Se rumorea que llegaron a incorporar presos políticos acusados de herejía. La muerte del Comissario Ceos sigue siendo un misterio pero se rumorea que fue un acto dirigido por el Oficio Asesinorum ante su cada vez más clara tendencia al Caos.

Aun así, ante los interrogatorios a los presos que conocieron a Ceos, todos coinciden que era “un personaje abyecto pero fascinante”. Todos los testimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, y estúpidamente intrépido.

Es por ello que los Comisarios son temidos por propios y extraños. Nuestros propios Gue'vesa tiemblan al oír pronunciar sus nombres. Y en caso de verse atrapados en la batalla y estar a punto de ser capturados, prefieren suicidarse reventándose la cabeza para que sus cuerpos no sirvan como viles maquinas sin alma que trabajen para el imperio

Sirva pues este informe para reflejar que pese a nuestra avanzada ciencia y tecnología frente al imperio, la devoción fanática de la humanidad es un claro obstáculo para lograr el Bien Supremo de nuestro Imperio floreciente.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Valle de Harstein


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La hueste del Tirano Ogor Buscamuertes y su hermano, el Carnicero Tripavil, estaba formada por un magnifico regimiento de Iron Ogors, enormes y bravos soldados que vestían pesadas armaduras y empuñaban monumentales armas. Junto a ellos marchaban una tropa de Leadbelchers, forzudos Ogors que transportaban cada uno de ellos un formidable cañón. Y para completar la hueste, les acompañaba la descomunal silueta de un carruaje Ironblaster, un carruaje indómito donde descansaba un temible mortero y su mortífera carga

La partida de guerra entró en el valle de Harsein al atardecer, y por orden de su líder se dirigieron hacia el primer montículo de ruinas, donde descansaba una columna. Era alta y recia, y su proximidad alteraba la conducta de los Ogors. Se mostraban más inquietos de lo normal y se lanzaban gruñidos entre ellos. El Carnicero Tripavil apoyó su mano en la columna, y esta respondió a su tacto con un brillo violáceo.

RELIKIA SER AKI. ROMPER ROKA.

El líder de los Iron Ogors, un impresionante Ogro que lucía una pesada armadura de hierro, dio un paso al frente, y empezó a descargar su terrorífico mazo contra la columna. Grandes trozos de piedra se desprendían con cada golpe, y algo metálico empezaba a verse en su interior. Su tarea se iba a completar pronto, pero de pronto, el cielo se empezó a nublar.

Cuando empezaron los truenos, los Ogors giraron su cabeza y miraron hacia las extrañas nubes. En cuestión de segundos, las nubes empezaron a tapar todo el cielo. Cuando casi lo habían cubierto, empezaron a brotar rayos entre ellas. Los rayos empezaron a crecer en intensidad, hasta que varios de ellos dejaron de bailar entre las nubes y cayeron al suelo con gran estruendo, no muy lejos de su posición.

Tripavil miró hacia donde habían caído los rayos. Y observó cómo siluetas brillantes se levantaban del suelo, y entre aquellas siluetas se encontraba lo que parecía ser otra columna.

¡KOLUMNA! ¡ENEMIGOS! ¡AVANZAR! ¡AVANZAR!

El Tirano Buscamuertes miró a la zona del valle donde señaló su hermano, entendió lo que pasaba y empezó a rugir órdenes.

FORMAR, FORMAR, ¡AVANZAR! ¡AVANZAR!

Los ogros se agruparon rápidamente, y empezaron a marchar con enormes zancadas hacia las figuras doradas, mientras de los Leadblechers y el mortero del IronBlaster les apoyaron rugiendo y lanzando sobre sus cabezas enormes proyectiles de roca y otros materiales.

¡RAPIDO! ¡RAPIDO!

Al otro lado del valle, rodeado de antiguas y ancestrales edificaciones, los Stormcast habían descendido y aguantaban los certeros disparos de los Ogors para proteger la columna. Mantenían una recia fila de escudos mientras enormes trozos de suelo se levantaban a sus pies. La furia de los disparo de los Ogors fue en aumento, y con cada nueva explosión, varios Stormcast eran lanzados por los aires, minando así su línea de defensa.

¡FACIL! ¡MIRAR! ¡POCO BRILLO! ¡CORRER CORRER!

Era cierto, los Stormcast estaban recibiendo un duro bombardero y estaban siendo aniquilados. Los Ogors estaban casi a distancia de carga, cuando de repente, en la retaguardia de la hueste Ogor, numerosos rayos cayeron del cielo, haciendo descender con cada impacto a los asombrosos soldados de los Stormcast.

Buscamuertes, se dio cuenta de la treta de su enemigo y gritó a sus Iron Ogors.

¡NO! ¡NO! ¡RETROCEDER! ¡TRAMPA! ¡TRAMPA! ¡HERMANO! ¡HERMANO!

Tripavil también se giró y vio que estaba muy cerca de la nueva amenaza, había poco tiempo, así que se apresuró a organizar las tropas. Gritando órdenes, hizo girar a los Leadbelchers hacia los cercanos Stormcast. Estos obedecieron y apuntaron sus cañones, descargando sus mortíferos proyectiles hacia la cegadora luz de los relámpagos. Por obra de algún caprichoso dios, las ráfagas de los Ogors alcanzaron a la primera línea de Liberator que ya marchaba hacia ellos, esparciendo entre el campo de batalla trozos de brillante armadura, liberando así, con un deslumbrante destello, sus almas de su armadura.

Por desgracia para los Ogors, el enorme carro que acompañaba a Buscamuertes intentó maniobrar bruscamente para poder apoyar a las tropas de retaguardia, pero debido a su peso, una rueda se salió y la enorme mole colapsó, incendiándose la munición y explotando en medio del valle, llevándose consigo las vidas de sus sirvientes y monturas de tiro. Buscamuertes se sorprendió de ese revés, pero siguió empujando a sus tropas para poder salvar a su hermano

¡IR IR CORRER! ¡RAPIDO!

En la retaguardia, el brillante ataque por sorpresa de los Stormcast no quedó detenido con la fuerza de los Leadbelchers. Aunque habían causado muchos estragos, de entre los restos brillantes de armadura de sus compañeros de armas, una partida de Decimators emergió, y junto con un Knight-Heraltor y dos Lord-Celestant, uno de ellos montando en un temible Dracoth, iniciaron su temible carga.

Buscamuertes se apresuraba pero pese a su dura marcha, los Stormcast alcanzaron antes a las tropas de Tripavil. Los Leadbelchers y el Carnicero fueron superaros fácilmente. No hubo piedad, tampoco la pidieron. Los Decimators giraron frenéticamente sus hachas, destripando con rápidos movimientos a los Leadblechers mientras que el Knight-Heraltor y el Lord-Celestant a pie arroyaron salvajemente a Tripavil, que no tuvo oportunidad de contraatacar. Su cuerpo fue perforado rápidamente por múltiples partes, y para rematar el asalto, la rápida espada del Lord-Celestant segó el cuello de Tripavil.

Buscamuertes grabó en su retina como la testa de su hermano giraba en el aire, lejos de su cuerpo, y cómo de su cuello brotaba un enorme geiser de sangre mientras el cuerpo se desmoronaba en su propio charco de sangre.

¡¡¡NOOOOOOOO HERMANO!!! ¡¡¡¡ROAAAAAAAAAAAAAARRRGGGHHHHH!!!!

Los enormes cuerpos de los Iron Ogors chocaron por fin contra las tropas Stormcast. Los Sigmaritas supieron reaccionar con determinación, logrando despedazar a los pesados Ogors, pero la furia de estas enormes criaturas de carne causó destrozos entre los Stormcast haciendo volar cascos y armaduras. Daba igual quien matara o quien muriera, con cada muerte se producía un breve destello o una enorme salpicadura de sangre, y mirase donde se mirase la batalla estaba completamente sumida en el caos. El campo de batalla había degenerado en una pelea salvaje sin estrategia ni sentido.

¡ROAAAAAAAAAAAGH!

Buscamuertes, loco de ira, golpeaba con cólera a los Stormcast. Su furia no tenía fin, y su Ira le impedía ser consciente de la brutal carnicería que sucedía a su alrededor. Su hueste estaba casi destruida pero aun así los pocos Ogors que quedaban en pie causaban estragos entre los Stormcast. Y los Stormcast respondían con igual intensidad. Pese a que ambos bandos estaban completamente diezmados, las fuerzas se mantenían equilibradas y no había atisbo de flaqueza por ninguno de los rivales.

En el furor de la batalla, un movimiento totalmente imprevisible por parte de Buscamuertes cogió por sorpresa al Lord-Celestant a pie. El Tirano lo arrolló por la espada, lanzándolo al suelo. Sin darle tiempo a reaccionar, Buscamuertes aplastó rápidamente su dorado yelmo con un golpe aterrador que descargó con su colosal maza. El suelo retumbó cuando la armadura del Lord Celestant se desgarró, liberando su alma precipitadamente hacia el reino Sigmarita.

Confundido, el Knight-Heraltor alzó su cuerno para invocar su poder, pero Buscamuertes, sin ni siquiera apuntar, le lanzó su lanza, y el tiro certero lo atravesó de lado a lado. De nuevo con una fuerte detonación seguida de un destello se liberó el alma del héroe Sigmarita.

Con los ojos inyectados en sangre, Buscamuertes levantó la cabeza y buscó a su siguiente contrincante. A su alrededor solo había tropas heridas y soldados quebrados, pero el Lord-Celestant en Dracoth hizo presencia en la escena. Le señaló con el martillo a modo de reto y se abalanzó hacia él trotando sobre su pesada montura.

Buscamuertes gritó, gritó como nunca, gritó por su tribu, por su hermano, por su venganza. Y blandiendo su maza con las dos manos, se abalanzó contra el líder de los Stormast

¡DESTRUIR! ¡ROAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRGGGHHHHHH!

Pero un rayo cayó entre los dos contrincantes, desbocando momentáneamente al Dracoth y lanzando hacia atrás a Buscamuertes.

¡NOOOOOO! –gritó Buscamuertes

El líder Ogor se levantó con determinación esperando la embestida del Stormcast. De repente, por todo el campo de batalla empezaron a caer innumerables relámpagos.

¡TRAMPOSO! ¡REFUERZOS! ¡VENIR LUCHAR TU UNO! ¡YO UNO!

Pero a Buscamuertes le daba igual que aparecieran más Stormcast, los aplastaría a todos, a todos sin piedad. Miró de nuevo al Lord-Celestant en Dracoth y se dispuso a cargar de nuevo, pero de nuevo, enormes rayos cayeron sobre el líder Stormcast, Y su intensidad era tan fuerte que cegó la visión del Tirano.

Su ceguera duró un momento, y luchando contra la trampa del enemigo, lanzó golpes al aire intentando golpear o defenderse por casualidad. Pero nada ocurrió. Cuando recupero la visión, miró rápidamente a su alrededor, pero no había nadie. Examinó todo el valle, pero el Lord-Celestant en Dracoth no se encontraba en el campo de batalla. Y no era el único que faltaba. Las pocas tropas Celestiales que aún se mantenían en pie habían desaparecido del valle.

Buscamuertes rugió de Ira.

¡ROAAAAAAAAAAAAAAAGH! ¡NOOOOOOOOOOOOO!

Y su rugido fue contestado por una ráfaga de cientos de rayos que destruyeron las columnas, y con ellas, las reliquias.

Buscamuertes ahora bramaba y golpeaba el suelo con furia. Cuando encontraba una pieza de armadura Stormcast la aplastaba y destruía sin piedad. No quería ver nada de esas malditas tropas. Las odiaba, las despreciaba.

¡VOLVER GUSANO! ¡LUCHAR! ¡VOLVER!

De mientras, en el cielo del valle, las nubes se retiraban, y una pálida luz que anunciaba el anochecer acarició los ensangrentados cadáveres Ogors y centelleó con los trozos de doradas armaduras Stormcast.

¡KOBARDE!

A su lado, algunos Ogors heridos empezaron a agruparse. Buscamuertes finalmente renunció a su ira. Suspiró, miró a sus malogradas tropas y sintió lástima. Su ira se disipó y cayó en la desolación. En su vacío, se puso de rodillas entre los restos de la columna y agarró con las manos la ceniza de las reliquias… Su hermano, su hueste, su tesoro, todo perdido.

¡TRIPAVIL HERMANO!

Y ese grito fue el último de aquel día. Cerró con fuerza su puño y la arena empezó a rebosar de su mano cerrada. El viento se llevó parte de ella, y en ese momento, Buscamuertes se sintió sólo, sólo y abandonado. Totalmente perdido.

Pero no era cierto. Buscamuertes aún tenía algo muy valioso.

La voluntad de Sigmar lo había respetado y no había querido destruirlo ni dañarlo. Pues aquel Ogor merecía morir a manos de un campeón de su mismo calado. Así que por recompensa a su valentía, cuajó la retirada de las tropas del Orden y bendijo a aquella criatura con un don que nunca antes se había otorgado a un enemigo.

Así fue como la voluntad de Sigmar quiso que Buscamuertes viviese, y que viviese, muchos años haciendo honor a su coraje mostrado, y años más tarde moriría en una pelea justa, épica y honorable. Tal como el Tirano querría que fuera.

La sabiduría de Sigmar había sido benevolente con aquel guerrero que amó a su familia y respetó a su gente por encima de su codicia. Hoy Buscamuertes había vencido con honor. Y con esta complacencia, la voluntad de Sigmar abandonó aquel lugar.



sábado, 2 de septiembre de 2017

The Ruins of Hashtein


The war host of the Chaos Knights marched quietly among the ruins of Hashtein. The morning mist had risen very early, and as the day passed, it grew thicker and thicker. The black horses behaved in a wilder than normal way and threw loud snorts accompanied by a halo of vapor that melted with mist.

The Lord Commander was marching at the beginning of the line, absorbed in his thoughts. His mind was distracted, tormented again by terrible visions of the past. Visions of when his troops defended the old world from fall. Visions of how he directed his Bretonian armies to deal with Archaon while his brother defended the city of Ganf before the arrival of a host of vampires.

In that dark age, the Bretonians, the humans and the rest of the armies of the alliance fought to the last man, but they lost hope battle after battle. And that desperation reached the heart of the Lord Commander when he saw all his faithful friends covered in blood, eviscerated and stabbed by the fearsome weapons of Chaos.

In that moment of absolute solitude, with no possibility of victory, bleeding from dozens of wounds staining his golden armour, and surrounded by the Chaos army, the Lord Commander threw his sword, fell on his knees on the battlefield and blasphemed against Sigmar, denying their faith. In that forgotten battle, as his soul fell into darkness and waited for death. Multiple whispers flooded the mind of the Lord Commander, and then the Lord Commander understood Archaon's message and found a meaning in a new life.

A new life consecrates to death and destruction. A new life dedicated to Chaos. At that moment his armour began to release a white vapor, and as that vapor dissipated, the color of his armor became more and more black. The Lord Commander, with his new faith, picked up his sword again, stood, and the hosts of Chaos that surrounded him knelt and bowed. Since then, the Lord Commander led the hosts of Chaos and followed in Archaon's footsteps through all immaterial portals, conquering and devastating his enemies, to this day.

Among the walls of the Hashtein ruins, several shadows moved quickly.

One of the Knights approached the Lord Commander to whisper something. He did not answer immediately, but the words helped him to abandon his thoughts and focus again on reality. True, something was moving near the column. Something was coming.
Suddenly, out of the white haze of green tones of grass and grayish colors of the stone, a host of Ghouls rushed against the knights of Chaos. His soldiers, tanned in innumerable battles, quickly prepared their spears and rushed against the attackers.

The Lord Commander, turned his mount towards the attacker, and valued the situation. It looked like a small battle band that was not going to pose problems for them.

But a winged shadow darkened the ceiling of the fog. The shadow grew larger and larger as it approached the ground, and a fetid odor began to flood the ruins of Hashtein. The shrieks of the shadow collapsed the ears of the troops of Chaos. The Lord Commander was not intimidated, and he and his guard prepared for the fight.

The Chaos host chased the shadow's movements until it landed on the ground. The undead flesh mole made a great noise, and collapsed several columns and walls of the ruins.

The shadow was terribly large, but without any doubt of his talent, the knights threw themselves into the menace. There was no time for more glory. The shadow opened the mist with a simple flutter, dissipating it and revealing its silhouette. It was a fearsome Terrorgheist, a dragon-sized bat that emitted dreadful evil sounds.

But for the Lord Commander the real danger was not the mount, but the Rider. An Aberrant King Ghoul was riding the Terrorgheist, and the presence of both creatures caused a terrible and powerful magic flowed by the blood thirst of both creatures.

The knights charged the Terrorgheist, wounding him deeply in the sides with his spears. With a terrible lament, the huge bat waved its wings desesperately. One claw scratched the mist, but the other caught up with the Lord Commander, knocking down his mount and throwing it heavily to the ground.

The Terrorgheist, disturbed by the pain, rushed at the Knights of Chaos, sending terrible stabs with their claws and mighty bites that allowed him to feast on the bodies he was pulling out from their mounts.

Meanwhile, the Lord Commander, seriously injured and deprived of his black horse, attempted to grab his sword that had fallen near him, but before he could reach it, the ghoulish figure of King Ghoul leapt from the Terrorgheist and stepped hard on the sword of the Lord Commander.

The battle was being brutally flooded with the shouts of Chaos troops and noises of ripped metal. The fog tinged red as more and more shadows pierced the fog and pounced on the Knights of Chaos. The Lord Commander cursed his fate and begged Archaon an opportunity to sell his life to such a vile enemy.

The fetid King Ghoul approached the Lord Commander. The Chaos Lord, full of rage, tried to hit him with his gauntlet, but King Ghoul had no difficulty in stopping and grabbing his fist with a claw while with the other he threw a blow, tearing off the helmet that was projected through the mist.

King Ghoul clutched the limbs of the Lord Commander and drew his stinking breath. Face to face, the Lord held his gaze with hatred against his rival, since there was nothing he could do, but he was not going to give her the pleasure of distinguishing his apprehension.

The vision of King Ghoul's disfigured body was aberrant. The Lord Commander prayed to the gods of Chaos to offer his soul as the last act of sacrifice. King Ghoul came even closer, but instead of attacking, he approached his ear, and in a keen tone said:

-         - "Blood always calls us, does not it, brother?"

The Lord Commander opened his eyes wide. How was it possible? It was him? The Lord Commander stirred and looked at him with disbelief for the last time. It could not be, that grotesque creature that was devastating his host was his brother? But how was it possible?

There was no time for more thoughts. The King Ghoul rushed furiously into the throat of the Lord Commander, disembowelling him and feasting endlessly on his blood.

Around that scene, the battle continued. But the shouts of the soldiers and the neighing of the horses gradually weakened.


It was late afternoon when the haze subsided, but there was no trace of battle in the ruins. No soldiers, no horses, no traces of blood. Nothing. Only a helmet marked by the claws of some strange creature lay in that place, in the ruins of Hashtein.


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martes, 15 de agosto de 2017

La Fiesta.

El Palacio de Bemt del mundo árido de Hasgon pertenece al Gobernador Planetario Argus Bemt, descendiente primogénito de la familia aristocrática Bemtsan. Una larga dinastía nobiliaria que había gobernado el planeta de forma democrática y continua durante los últimos milenios.

Los orígenes del Palacio son antiguos, tan antiguos que partes de su estructura han sido datadas anteriores a la caída de Horus. Es más, Argus se vanagloria inmodestamente de que el Emperador en persona llegó al planeta durante La Gran Cruzada, y que llegó a postrarse ante el supremo Regente de Hasgon (el Emperador Geon de Bemtsahin antepasado directo de Argus) en la sala capitular del Palacio para solicitar la anexión de Hasgon al Imperio, evento que, por supuesto, aconteció ante el beneplácito del Regente Geon. Y la vanidad de Argus alcanza a relatar de cómo modestamente la familia regente decidió enviar millones de tropas voluntarias a la Cruzada de la Humanidad, y cómo los valientes soldados de Hasgon llegaron a liberar cientos de mundos en nombre de Geon de Bemtsahin y del Emperador.

Y esas son todas las historias de guerra de Hasgon, porque Hasgon es un mundo árido, no hay cosechas abundantes ni minerales ni tecnología. La mayoría de la población vive en ciudades colmenas subterráneas dedicadas a la agricultura hidropónica y a la destilación del agua de la sal. Y su historia es tan yerma como su planeta, y desde la Gran Cruzada, ninguna plaga, invasión o terror ha azotado Hasgon. Es por ello que Argus Bemt ni quiere ni desea una guerra. Tan sólo se dedica a pagar sus diezmos al Imperio sin demora, proveyéndolos de mano de obra para mundos agrarios o mineros, o para el Astra Militarum. Y nadie de los que se envían regresa jamás, porque no hay nada por lo que merezca volver a Hasgon. Pero el sentimiento es mutuo, porque para Argus Bemt no hay nada que merezca la pena en el Imperio, porque él ya tiene lo que necesita. Un planeta para él sólo.

Así pues, Argus Bemt sólo puede lucirse contando historias durante los eventos que organiza periódicamente en su majestuoso Palacio, con sus veinte hectáreas de verdes pastos cubiertos por una bóveda cristalina, que reluce entre los mares de sal y arena del planeta.

Pero hoy la Mansión Bemt se encuentra ocupada por más gente que la habitual. Todos los altos oficiales de la Guardia de Defensa del Planeta así como altos cargos del Ministorum, ciudadanos ilustres y otros fieles al Imperio con ostentosos cargos públicos o privados habían venido de todas las partes del planeta.

Y Argus, el hombre más poderoso y rico de Hasgon, ejerce de anfitrión ante la majestuosa recepción que organiza para todas estas importantes personalidades por lo que no ha escatimado ni en comida, ni en alcohol, ni en otro tipo de vicios.

El motivo de la fiesta bien merece todas estas atenciones dada la situación actual. A lo largo del Ciclo solar (que equivale a tres años en Terra, pero debido a la presencia de dos soles no hay estaciones diferenciadas) se habían producido ciertas alteraciones e insubordinaciones en las colonias. Y lo más grave es la aparición de marcas y cultos demoniacos, nunca anteriormente presenciados en el planeta.

E iban en aumento.

Así pues había un clima de insurrección que se respiraba en todo Hasgon. Y Argus pretendía con esta recepción unir los lazos de distintas personalidades y fortalecer las relaciones con todas las facciones. Había que hacer frente común, porque Argus quería unidad, quería control, quería que todo siguiera igual. Porque sabía que Imperio no es ciego, y si esta situación iba en aumento, el  Astra Militarum vendría a hacer una visita. Y eso supondría la presencia de un Lord Comandante u otra peor personalidad que tomaría el control del planeta. Y habría juicios e inquisición, y Argus no quería acabar como su tatarabuelo Frederich deBremt que no resistió los juicios por tráfico ilegal y se pegó un tiro.

Así pues, Argus estaba dispuesto a todo para que la situación no cambiara. Y para ello había ordenado que todos los gobernantes sitiaran sus ciudades y que  vigilaran a sus ciudadanos. Cualquier delito era duramente castigado y cualquier delator era bien pagado.

La recepción progresaba espléndidamente. Habían llegado a ese punto de la fiesta donde los comensales empezaban a desinhibirse influenciados por todas las sustancias presentes en la fiesta y estaba alcanzando un clímax desvergonzante e inocente.

En ese momento Argus recibió una llamada. Por lo visto, un convoy con 200 insurgentes medio enfermos habían intentado escapar de la Ciudad Colmena de Fadonpor, y ahora se encontraban retenidos por las tropas de defensa a 50km del Palacio de Bemt.

“Putos bastardos” chilló Argus. Y en ese momento se le ocurrió una gran idea.

"¡Traedlos, traed a esos malnacidos a los muros del Palacio!". Le chilló al comunicador.

Al cabo de una hora, a las afueras del palacio, con el frío insultante de la noche del desierto, se agolpaban tiritando centenares de personas de todas las edades y sexo.

Una veintena de soldados vigilaba al grupo, y del porticón principal del palacio surgió Argus acompañado por las personas más importantes del planeta. Exactamente eran seis veces seis grupos de personas. Los treinta y seis ilustres.

Argus llamó al capitán de seguridad del Palacio y ordenó armar a sus invitados. Mientras tanto, Argus cogió una pistola, se acercó al grupo de detenidos, y sin mediar palabra, disparó a la figura más cercana, sin diferenciar si era hombre o mujer, niño o anciano.

Todos los detenidos chillaron horrorizados mientras los comensales reían o miraban con curiosidad la escena que estaba protagonizando su anfitrión.

Argus les gritó:

“¡Desnudaros malditos!¡desnudaros  y cavad! ¡Cavad hondo por vuestras vidas, ¡Cavad! Porque sólo el calor que desprende las entrañas de este maldito planeta os puede salvar!”.

Y así lo hicieron, tras verse obligados a desvestirse, con el frió del desierto azontando su temblorosa piel empezaron a cavar con las manos desnudas en la arena del desierto. La ropa acumulada fue prendida en fuego, y las llamas serpenteantes de la hoguera se reflejaban en los blancos y desnutridos cuerpos de los detenidos.

De mientras, en el palacio se seguía bailando y bebiendo y fornicando al son de la música.

En el muro exterior de la bóveda, el olor de la ropa quemada era penetrante. Argus contempló con ojos de locura los trabajos de los detenidos. Alguno de los invitados lo imitaba, mientras otros mantenían su borrachera activa a base de más licor. Alguno insultaba a los detenidos y algún disparo desataba el terror entre los cuerpos desnudos, no por ello sin que dejen de cavar. Todo el mundo lo sabía, pero nadie queríaadmitirlo. El hedor crece mientras los anos de los asustados detenidos dejan escapar su contenido por puro terror. Todos creen que podrán evitar lo ya inevitable, pero no va a ser así. La muerte se acerca.

Argus no dejaba de contemplar el foso, con los ojos bien abiertos, sin pestañear. Cuando cree que es  bastante profundo, escupe al grupo y les insulta

"¡Al fuego con vosotros, cerdos!", chilla, y se desata el éxtasis entre los comensales.

La sinfonía empieza con el primer disparo de la pistola Laser de Argus . Acto seguido, el resto de los comensales no tardan en unirse a su concierto con el resto de sus armas. Todos son luces de colores brillando contra la pared del muro. El éxtasis y la adrenalina hacen buen cóctel con las armas y el alcohol.

Entre el traqueteo de las armas y las descargas laser, se oyen los desgarrados gritos impotentes de los detenidos. Los cuerpos caen unos sobre los otros, formando macabros montículos donde con la luz de las armas se reflejan rostros llenos de pánico y terror.  Los disparos se suceden  sin descanso, sin distinción. Todo el caos se funde en la misma masa. La humareda crece, los gritos agonicos no. Es tal la barbarie, que la potencia de los Laser logra prender en los cuerpos.

Las llamas se avivan. Los cuerpos crepitan, pero los comensales siguen disparando. Y siguen y siguen, hasta que vacían los cargadores.

Pero no llega el silencio. Gritos de júbilo y locura se suceden alrededor de la hoguera. Los invitados, con sus caras hinchadas y rojas por el alcohol y la enajenación del que habían sido participes, empiezan a bailar, a aplaudir y girar sobre ellos mismos mientras lanzaban alabanzas a Argus y al emperador. La propia guarda del palacio mira impasible la fogata. No sienten pena, incluso aprubeban esta carnicería.

Pero la fiesta no termina ahí. Los elegidos vuelven al palacio y se unen más eufóricos que nunca al resto de sus compañeros. Ahora vuelan las risas, el alcohol y otras sustancias. Volaba la ropa, y los máximos dirigentes del Planeta se daban un festín de desembocada en lujuria.

Al día siguiente morirían quinientos disidentes, y en una semana la cifra ascenderían a mil. Y al mes serán decenas de miles. Y eso sólo en una ciudad colmena.  El horror inundará Hasgon. El terror se propagará por el planeta mientras por doquier le acompaña el dulce sonido del chisporroteo de las piras comunes llenas de insurgentes.

El caos ha llegado.

(..)

Ha pasado un año en Hasgon, y Argus Bemt está agotado. Se encuentra en una sala secreta del Palacio de Bremt. En una mano sostiene una botella de licor, en la otra una pistola laser. Una mujer desnuda yace a sus pies con la cabeza reventada por un disparo. De su herida sale humo y del agujero del hueso aún borbotea sangre. El olor a carne quemada es espantoso e inunda la sala. En una esquina de la habitación hay otra mujer que presenta magulladuras y heridas por todo su cuerpo. Está encogida en el rincón, sollozando levemente

“¡Cállate puta de una vez!” le grita Bemt, y le lanza un tiro que falla estrepitosamente llevándose consigo parte del techo de la sala.

Bemt da otro trago al licor. Va desnudo, le pica el brazo, le pica el cuerpo. Se lo mira y ve de nuevo como las verrugas crecen de tamaño.

Hace una hora, le han informado de la aparición de una flota del Astra Militraum - “¡Pues atendedles joder!” – gritó a sus oficiales.

De eso hace una hora. A estas alturas las obsoletas defensas orbitales deben de estar cayendo al planeta envueltas en llamas.

No tardarán en venir. No tardarán, no.

Argus apura la botella, vuelve a mirar a la chica y le sonríe.

Se pone la boca de la pistola en la sien y dispara. El cuerpo cae hacia un lado mientras la sangre graba toda la estancia.




viernes, 4 de agosto de 2017

Stormwolf [ENG]

Gisli Binfak and his companions were uneasy inside the Stormwolf gunship. The closed spaces were not the best place to lock the Wulfen. But they all endured their bloodlust in the cargo cabin thanks to their mental stamina. They took the moorings of the ship to avoid the turbulence of the voyage.

The gunship flew over the long columns of smoke emanating from the uncontrollable fires of the coal pits. Wherever he looked, the pilot could see only a desolate landscape. The grey sky was continually fed by the thousands of fires, and the little light that filtered from the sky made it through the reddish clouds, illuminating the black ash deposited in the ground.

The planet had fallen, but the Wolves had arrived and there was still one last glimmer of hope for humanity.
(…)

The insurrection climaxed a week earlier when the Cult Genestealer took control of the planet, demolishing the hierarchy of the Adeptus Ministorum and plundering the armories of the Imperial Guard. The war spread all over the planet, and the Cult succeeded in destroying the Redoubts of the Imperial Guard. Only one regiment of the Imperial army survived in the Hive Tuvno V that continued fighting, and bleeding, and praying to the emperor.

Despair flooded their hearts, and when the most critical moment arrived with the garrison on the brink of fall, the Emperor of humanity listened to his prayers. And his prayers took the form of the Battle Cruise "Ice Floe" of the Space Wolves. The immense spaceship appeared in the orbit of the planet. And it was greeted with the warm laser welcome from the orbital defenses, but the cruiser easily silenced them.

The Wolves, surprised to find this hostility, discovered the insurrection, and located the besieged imperial regiment in Tuvno V. The Marines mobilized their troops, breaking the blockade and reinforced the Hive. The Wolves had disembarked, and the cult could no longer easily end with the Imperial resistance. But the planet was still in the hands, and little could be done.

The hierarchs of the Adeptus Ministorum met with the captains of the Wolves, and invoking the wisdom of Codex Xenos studying the consequences of the alien infestation. The conclusion was clear. The Cult was a cancer that spread very rapidly, and if necessary, it was required to execute an order of Exterminatus to destroy the planet and prevent the arrival of the Tyranids.
Imperial armies evaluated their situation and it was decided not to execute the order. It was possible to eliminate his Magus. That would break the synaptic link with the Tyranids and the horror would never reach the planet. All it needed was to locate him.

But it was an easy task. The psychic bond of the Magus was so powerful that its power reverberated in the minds of all Imperial psychics. The Runic Priests had no problem finding their location, so a simple strategy was devised. A small flyer would approach the target area which would imply that it was a mere recognition and would not raise serious suspicions. But the flyer would be a Stormwolf Gunship, which would riddance the landing zone and then release a valuable cargo, a Wulfen squadron. These powerful soldiers would quickly infiltrate the mine until they reached the target and eliminated it. The rest of the Marines would come later to give them support.

(…)

The pilot's sensors lit up, his target was close. A blinking light illuminated the cargo hold. It was the signal. The Wulfen had to prepare.

Suddenly, numerous explosions detonated around the ship, surrounding and enclosing the Gunship in an endless number of outbursts and shrapnel. Imperial anti-aircraft batteries had been deployed to protect the Magus, opening indiscriminate fire at the gunship. The surprised Stormwolf maneuvered sharply, but still received multiple hits, many of them punishing and damaging the fuselage. A fierce shot blasted the cockpit, killing the pilot instantly.

The ship's Machine Spirit took control, but with the engines burning and the flaps destroyed, it could not control the flight, and the gigantic shadow of the ship in flames turned in the air and began a spectacular fall. After a long trail of fire and smoke, Stormwolf struck hard on the ground, raising flares and explosions until the ceramic shell of the device remained motionless on the floor.

There were sparks and small fires from the ship's fuselage. The scene was devastating. Even from all this bleak panorama, the silhouette of the Stormwolf crackling with the fire that consumed it was disturbing.

A group of cultists emerged from the shadows and approached the remains. The heretics advanced with caution, surrounding the ship's debris. At the command of their leader, several of them began to place demolition charges on the fuselage of the vehicle to ensure its complete destruction.

One of them approached the landing hatch, and suddenly it opened wide. The cultist grabbed his automatic rifle and pointed with fear inward. From the darkness of the interior of the ship, numerous bright eyes returned his gaze.

The cultist shouted something to his companions, but everything happened too fast. From the darkness of the cargo hold, a huge claw with the size of a head caught the cultist and dragged him into the darkness. There were loud screams along with the sound of torn clothes, shredded meat, and broken bones. The rest of the cultists were frightened and stepped back in alarm, aiming their weapons tremulously. But they did not have time to do anything else.

The Wulfen emerged rabidly from the interior of the ship. A maelstrom of claws, lightning claws and massive hammers crushed the cultists. It seemed that panic gripped the victims and was going to be an easy victory. But driven by a vile mind, more and more cultists emerged from the shadows surrounding the Wolves. The Wulfen responded with unimaginable fury, and the enemy troops were slashed one after another.

Gisli smiled. With her Ice Claws pierced the breasts of the cultists. A succession of rapid claws ripped heads and limbs, breaking guns and bones. Screams and yells of pain filled the steaming air, but the carnage would not give way.

With the arrival of more enemies, several Wulfen were injured, but their hatred allowed them to continue fighting until the last breath. Gisli crushed, trampled, dismembered ... The cultists screamed, shot, fought. And so the carnage continued until the head of the last cultist was stabbed with a hammer as big as the size of his body.

Amid the mountain of human corpses, The Wulfen stood smiling, savoring their victory. But the victory was brief.

The demolition bombs fixed on the gunship chassis exploded. Heavy weapon ammunition and the Gunship's reactor explored at once, intensifying the destructive power of the explosives, and the shrapnel and shock wave surprised the Wulfen. All bodies leapt into the air. The whole floor rose tens of meters and fell heavily again. The smoke that caused the explosion rivaled in intensity with the burning pools of the planet.
Gisli regained consciousness buried in a sea of mud, metal and blood. An amputated arm of some cultist covered his face. He had half a torso exposed, the rest was buried in the mud and debris. Gisli cursed, could not move. I could tell I had several broken ribs and numb legs. I could not tell if I had broken them ... or even if I still had them.

But that horrible feeling was not the worst. A fetid odor flooded the sensitive mucous membranes of his snout. That smell was different, more penetrating, stronger than that of cultists, more acidic, more poisonous, less human. Wulfen clenched his teeth as he discovered what vile creatures they were dealing with. They were Genestealers. Out of the shadows emanated their formidable forms, and began to approach the wounded Wulfen.

Gisli cursed all the demons of chaos. The pain was very intense, and he could not move. He howled hard in hate. The howl produced an effect, as the Genesteares stopped moving. They were alarmed. For a moment Gisle thought her howl had frightened them, but her sharp ear brought him back to reality. Other howls were responding to Gisli. Yes. And among those howls another persevering noise was approaching. It was the unmistakable sound of the Land Raiders.


The genestealers lowered their heads and looked at Gisli. He stared at them and smiled. Maybe he was going to die there, but those bastards were not going to get better luck.

sábado, 15 de julio de 2017

Stormwolf

Gisli Binfak y sus compañeros se mostraban inquietos dentro de la cañonera Stormwolf.  Los espacios cerrados no eran el mejor sitio para encerrar a los Wulfen. Pero todos soportaban sus ansias de sangre dentro del habitáculo de carga gracias a su resistencia mental, mientras se agarraban a los amarres de la nave para evitar las turbulencias del viaje.

La cañonera atravesaba velozmente las largas columnas de humo que emanaban de los incontrolables incendios que brotaban de las pozas de carbón. Mirara donde mirara, el piloto sólo distinguía un paisaje desolador. El encapotado cielo era continuamente alimentado por los miles de fuegos, y la poca luz que se filtraba del cielo lo hacía a través de las rojizas nubes, bañando la negra ceniza depositada en el suelo.

El planeta había caído, pero los Lobos habían llegado y aún había un último atisbo de esperanza para la humanidad.

(…)

La insurrección alcanzó el clímax una semana antes, cuando el Culto Genestealer tomó el control del planeta, demoliendo la jerarquía del Adeptus Ministorum y saqueando las armerías de la Guardia Imperial. La guerra se propagó por todo el planeta, y el Culto logró acabar con los reductos de la Guardia Imperial. Sólo un regimiento del ejército Imperial sobrevivió parapetándose en la Ciudad Colmenta Tuvno V que siguió luchando, y sangrando, y rezando al emperador.

La desesperanza inundaba sus corazones, y cuando llegó el momento más crítico y con la guarnición al borde de la caída, el Emperador de la humanidad escuchó sus plegarias. Y sus plegarias tomaron la forma del Crucero de Batalla “Témpano de Hielo” de los Lobos Espaciales. La inmensa astronave apareció en la órbita del planeta. Y fue recibida con una calurosa bienvenida de las defensas orbitales, pero el crucero las silenció fácilmente.

Los Lobos, sorprendidos de encontrar esta hostilidad, descubrieron la insurrección y localización el regimiento imperial asediado en Tuvno V. Los Marines movilizaron sus tropas, rompiendo el bloqueo y reforzaron la Ciudad Colmena. Los Lobos habían desembarcado, y el culto ya no podría acabar fácilmente con la resistencia Imperial. Pero el planeta aún estaba en manos del Culto, y poco se podía hacer.

Los jerarcas del Adeptus Ministorum se reunieron con los capitanes de los Lobos, e invocando la sabiduría del Codex Xenos, estudiaron las consecuencias de la infestación alienígena. La conclusión era clara. El Culto era un cáncer que se propagaba con gran rapidez, y en caso de necesidad era requerido ejecutar una orden de Exterminatus para arrasar el planeta e impedir la llegada a los Tiránidos.

Los ejércitos imperiales evaluaron su situación y se decidió no ejecutar la orden. Cabía la posibilidad de eliminar a su Magus genestealer, de esa forma se rompería el vínculo sináptico con los Tiránidos y el horror nunca llegaría al planeta.

Sólo faltaba localizarlo.

Pero fue tarea fácil. El lazo psíquico del Magus era tan poderoso que su poder retumbaba en las mentes de todos los psíquicos Imperiales. Los Sacerdotes Rúnicos no tuvieron problema en descubrir su ubicación, por lo que se ideó una estrategia simple. Un pequeño volador se acercaría a la zona objetivo lo que daría a entender que se trataba de un mero reconocimiento y no levantaría graves sospechas. Pero el volador sería una cañonera Stormwolf, que acribillaría la zona de desembarco y luego soltaría una valiosa carga, una escuadra de Wulfen. Estos poderosos soldados se infiltrarían rápidamente por la mina hasta lograr llegar al objetivo y eliminarlo. El resto de Marines llegarían posteriormente para darles apoyo.

(…)

Los sensores del piloto se iluminaron, su blanco estaba cerca. Una luz parpadeante iluminaba la bodega de carga. Era la señal. Los Wulfen debían prepararse.

De repente, innumerables explosiones detonaron alrededor de la nave, rodeando y acorralando a la Cañonera en un sinfín de estallidos y metralla. Las baterías antiaéreas Imperiales habían sido emplazadas para proteger al Magus, abriendo fuego indiscriminado contra la cañonera. La Stormwolf, sorprendida maniobró bruscamente, pero aún así recibió múltiples impactos, muchos de ellos castigando y dañando el fuselaje. Un disparo certero reventó la cabina del piloto, matándolo instantáneamente.

El espíritu máquina de la nave se hizo con el control, pero con los motores ardiendo y los flaps destrozados, no pudo controlar el vuelo, y la gigantesca sombra de la nave en llamas volteó en el aire e inició una caída espectacular. Tras una larga estela de fuego y humo, La Stormwolf impactó duramente contra el suelo, elevando llamaradas y explosiones hasta que el cerámico caparazón del aparato quedó inmóvil en el suelo.

Del fuselaje de nave salían chisporroteos y pequeños fuegos. La escena era devastadora. Incluso de todo ese panorama desolador, la silueta de la Stormwolf crepitando con el fuego que la consumía resultaba inquietante.

Un grupo de cultistas emergió de las sombras y se aproximó a los restos. Los herejes avanzaron con precaución, rodeando los escombros de la nave. Ante la orden del que parecía su líder, varios de ellos empezaron a colocar cargas de demolición en el fuselaje del vehículo para garantizar su completa destrucción.

Uno de ellos se aproximó a la trampilla de desembarco, y de pronto, ésta se abrió de par en par. El cultista agarró su rifle automático y apuntó con miedo hacia el interior. De la oscuridad del interior de la nave, numerosos ojos brillantes le devolvieron la mirada.

El cultista gritó algo a sus compañeros, pero todo pasó demasiado deprisa. Desde la oscuridad de la bodega de carga, una enorme garra del tamaño de una cabeza atrapó al cultista y lo arrastró hacia la oscuridad. Se oyeron graves alaridos junto con el ruido de ropas rasgadas, carne triturada y huesos rotos. El resto de cultistas se asustó y dio un paso hacia atrás alarmados, apuntando temblorosamente sus armas. Pero no tuvieron tiempo para hacer nada más.

Los Wulfen emergieron rabiosos del interior de la nave. Una vorágine de zarpas, garras, cuchillos tormenta y martillos descomunales aplastó a los cultistas. Parecía que el pánico se apoderaba de las víctimas e iba a resultar una victoria fácil. Pero impulsadas por una mente vil, más y más cultistas emergieron de las sombras rodeando a los Lobos. Los Wulfen respondieron con una furia inimaginable, y las tropas enemigas fueron despedazadas una tras otra.

Gisli sonreía. Con sus garras de hielo atravesaba los pechos de los cultistas. Una sucesión de rápidos zarpazos arrancaba cabezas y miembros, rompía armas y huesos. Gritos y alaridos de dolor impregnaban el humeante aire, pero la carnicería no cedía.

Con la llegada de más enemigos, varios Wulfen resultaron heridos, pero su odio les permitía seguir luchando hasta el último aliento. Gisli aplastaba, pisoteaba, desmembraba… Los cultistas chillaban, disparaban, se agazapaban. Y así prosiguió la carnicería hasta que al último cultistas se le machacó el cráneo con un martillo del tamaño de su cuerpo.

Entre la montaña de cadáveres humanos, Los Wulfen se alzaban sonrientes, saboreando su victoria. 

Pero la victoria fue fugaz.

Las cargas de demolición fijadas en el chasis de la cañonera hicieron explosión. La munición de las armas pesadas y el reactor de la Cañonera exploraron a la vez, intensificando el poder de destrucción de los explosivos, y la metralla y la onda expansiva sorprendieron a los Wulfen. Todos los cuerpos saltaron por los aires. Todo el suelo se levanto decenas de metros y volvió a caer pesadamente. La humareda que provocó la explosión rivalizó en intensidad con las pozas en llamas del planeta.

Gisli recuperó la conciencia enterrado en un mar de barro, metal y sangre. Un brazo amputado de algún cultista le tapaba la cara. Tenía medio torso expuesto, el resto estaba enterrado entre el lodo y escombros. Gisli maldijo, no podía moverse. Notaba como tenía varias costillas rotas y sus piernas entumecidas. No podía saber si las tenía rotas… o tan siquiera si aún tenía.

Pero esa horrible sensación no fue lo peor. Un fétido olor inundó las sensibles mucosas de su hocico. Ese olor era diferente, más penetrante, más fuerte que el de los cultistas, más ácido, más venenoso, menos humano. El Wulfen apretó los dientes al descubrir de qué vil criaturas se trataban. Eran Genestealers. De las sombras emergieron sus temibles formas, y empezaron a acercarse al malherido Wulfen.

Gisli maldijo a todos los demonios del caos. El dolor era muy intenso, y no podía moverse. Aulló fuerte en señal de odio. El aullido produjo efecto, pues los Genesteares dejaron de avanzar. Se mostraron alarmados. Por un momento Gisle pensó que su aullído les había asustado, pero su agudo oído le devolvió a la realidad. Otros aullidos estaban respondiendo a Gisli. Sí. Y entre esos aullidos otro ruido perseverante iba aproximándose. Era el inconfundible sonido de los Land Raiders.

Los genestealers bajaron la cabeza y miraron a Gisli. Él les mantuvo la mirada y sonrió. Quizás iba a morir allí, pero esos malnacidos no iban a correr mejor suerte.

jueves, 15 de junio de 2017

Confesión

+++INICIO DE TRANSMISIÓN+++

+++Grabación de la Confesión 93522.46425+++

+++Fecha de registro+++
440.M41

+++Origen de la Transmisión+++
 Mundo Prisión +++CONFIDENCIAL+++

+++Tribunal Interrogador+++
Padre Athael                   
IM-96345.61

Padre Jryp                      
IM-98758.23

Capellán Fethter               
AA-63434.45

Inquisidor Qanto.              
OE-06785.74

+++Prisionero Confesor+++
Daelus Mars

+++Rango+++
Historiatum Escriba asignado al regimiento en rango de Soldado Raso.

+++Unidad Militar+++
Asignado en:
Ejercito Regulares de Tallarn
División móvil .43
I Brigada Móvil
III Regimiento Ópalo
VI Batallón
Compañía Verde
Sección Primera
Pelotón Ratas del Desierto

+++Código Imperial Identificativo+++
TEMPESTUS.TALLARN.15678.61787.74563.55853

+++Acusación Imperial+++
Herejía 

+++Causa de la Acusación+++
Colaborador en la Rebelión del Regimiento contra el mando imperial del Mundo Desértico Hasgon.

+++Inicio de la Grabación+++

(…)

(sollozos)

No pudimos hacer nada, no pudimos reaccionar de otra forma. Estaba en todos lados, en nuestras mentes, en nuestros cuerpos. No podíamos escapar. No podíamos… Toda esa... Toda esa situación no hubiera pasado si nuestro Comisario +++COMISARIO OCTAVIUS. ESTADO: EJECUTADO+++ no hubiera sido el primero en… Yo… Me arrepiento. Me arrepiento con sinceridad. Veo clara nuestra culpa, pero no podíamos parar. No nos dábamos cuenta. Yo (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN +++

(sollozos)

(…) ya que la caída del batallón fue debida al cúmulo de circunstancias a las que nos vimos sometidos en tal inhóspita ubicación. El Batallón fue desplegado en la zona +++CONFIDENCIAL+++ donde la misión del Batallón consistió en +++CONFIDENCIAL+++  que durante meses los soldados convivíamos de cualquier manera en aquel infernal desierto, bajo un cielo que nos castigaba cruelmente la piel y la mente. El sargento (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(…)  durante el día, el caluroso sol nos abrasaba y el viento silbante aturdía nuestros oídos. Por la noche, el frío penetraba en nuestro cuerpo y por la mañana el rocío nos empapaba las ropas. Era una situación desconcertante. Era un frío y un calor más extremo que el que conocíamos de Tallarn. Quizás ahora comprendo a los extranjeros que visitan nuestro planeta natal. Pero en Hasgon sufríamos un cielo inmaculado sin nubes, sin piedad. Durante las largas noches de guardia lo contemplábamos, perdiendo nuestros pensamientos  entre las innumerables estrellas del firmamento. Y cada luz la imaginábamos como las semillas florecientes del Imperio que estaban dando sus frutos. Y ante aquella visión tan espectacular nos veíamos lanzados hacía un estado de vergonzosa pequeñez. Y esa sensación de inferioridad se extendió entre la tropa. Este clima extremo empeoraba nuestra psique y nos percibíamos como un Batallón huérfano, perdido, alejados de la mano del Emperador. Queríamos al Imperio pero cada día lo veíamos como una idea más y más lejana. Mi familia (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(…) entonces el Padre Predicador del Batallón +++PADRE PREDICADOR HUY DE RUTT. ESTADO: DESAPARECIDO+++ aumentó sus esfuerzos con la tropa. Dedicaba fervientes  rezos a la palabra del Emperador, y causaba tanta dedicación que la voracidad de sus palabras consumía nuestras energías. Su esperanza resultaba tan trascendente a la tropa que todo nuestro amor hacia el Imperio palidecía ante el brillo de su palabra. Incluso para el (…)+++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(…) del transcurso  de campaña, donde el Comisario Octavius fue ganando peso entre las tropas, y sus discursos beligerantes empezaron a inculcar una necesidad de lucha tan fuerte, que su idea fue creciendo y ramificándose en nuestro subconsciente hasta convertirse en una posesión obsesiva del control de la verdad. Todo esto nos llevó a que Octavius no admitiera preguntas y cualquier duda a su autoridad era contestada repetidamente con su gatillo. (…) Aunque no quisiéramos admitirlo, su palabra acabó convirtiéndose en una fe más fuerte que la que profesábamos al amado Emperador. Él rompió nuestro sentido y nos vimos sometidos con gusto a su opresión. Nuestra devoción servía reverentemente a su sagrada causa, ya fuera por las buenas o por las malas. Y dejamos de discernir entre la que ahora se que es la única y auténtica verdad del Imperio o la palabra de Octavius. En la fecha (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(Larga pausa, ruido de respiración profunda)

(…) entonces fue cuando el Padre Predicador acogió con los brazos abiertos la exaltación del Comisario, y con estas dos voces dictatoriales en nuestra cabeza día a día, sol a sol, entregamos el cuerpo y el alma a nuestra opresiva cautividad. Nos convertimos en un Batallón vaciado de la moral imperial, vaciado de los sentimientos. El trastorno estaba tan extendido que, a la hora de operar en el campo de batalla, nos movíamos como ceniza llevada por el viento. Cuando estábamos (…)+++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(…) campaña prosiguió sin descanso. Dejamos de recibir noticias de nuestra familia. Dejamos de recibir suministros. Dejamos de recibir tropas de reserva y cada día veíamos como muchos de nuestros camaradas pasaban a mejor vida. Pero no lo cuestionábamos. Los vivos seguíamos marchando, dejando huellas de la sangre que manaban de las heridas de pies desollados, mientras que nuestros cuerpos proseguían la lucha como simples marionetas. A los ojos del emperador creo que él no +++GRABACIÓN ELIMINADA POR ALTA HEREJÍA+++ tarea era implacable, despiadada. Y por más que avanzáramos parecía que el éxito de nuestra misión se alejaba +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ fracaso, e íbamos encaminados hacia una indiscutible +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ del afán liberador +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ horribles torturas que el enemigo causaba en caso de caer presos. Yo nunca (…)+++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++


(…) entonces las oraciones inundaron las bocas de nuestros predicadores. Las voces e invocaciones se alzaron hasta los cielos y las palabras se volvieron más y más fuertes llenando todos los huecos de nuestro corazón. Ante semejante estado de incapacidad nuestra mente era incapaz de pensar, y rezábamos con ellos y exaltábamos a nuestro Salvador. No sé que rezábamos. Vivíamos el día a día como una mera percepción sin importarnos qué pudiera pasar. Creo que estuvimos implorando y suplicando durante días, quizás semanas. Las sensaciones físicas parecían tan evanescentes que no logro recordarlo. Pero muchos cayeron exhaustos. No sé cuánto tiempo tardamos pero +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ no le dimos más importancia, pero cuando caía la noche, más y más  sombras rondaban por el campamento. Creía que eran ilusiones provocadas por mi mente demente... pero no. Eran reales, muy reales, y recuerdo claramente que alteraban mis sueños susurrando palabras de placer. Entonces +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ decayendo en arrebatos de crueldad, de perversidad. La lujuria empezó a apoderarse de  todos nosotros sin apenas turbarnos. Cualquier pensamiento moral no era más que una leve palabra sin fuerza que se alejaba rápidamente (…)  +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++

(…) forma que había tormentos agudos, martirios demasiado profundos y éxtasis demasiado elevados para que pudiéramos comprenderlos.  

(sollozos)

(…) porque cuando el cuerpo se altera de esa forma y alcanza semejante clímax, el intelecto se opaca. No lo sé. Tengo momentos en blanco. Recuerdo derivas mentales, largas tiempos de vacío con el espíritu vagando en una profundidad sin fondo. Recuerdo visiones de excitación y extraños sueños con cuerpos desnudos. Yo... yo perdía el control. No existía pena ni alegría. +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ que nuestros instintos hubieran evitado, pero la cálida carne, su cálida carne... Eran jóvenes y robustos, y su sangre fluía caliente clamando por su éxtasis mientras mi vientre atormentaba mi mente con extraños deseos de +++GRABACIÓN CORRUPTA+++  de muchas inexistentes privaciones que atizaban aún más ese calor viril, en medio de un clima tan torturante. No, no necesitábamos lugares cerrados ni había pudor en esconder nuestra naturaleza. Convivíamos abiertamente sin tabús ni complejos. El Emperador debería conocer +++GRABACIÓN ELIMINADA POR ALTA HEREJÍA+++ apenas hubieran bastado para contentar a todo nuestro grupo, ni aun cuando sus músculos fueron del gusto de los hombres. Ahora comprendo el horror por tan sórdida situación, mientras nuestros hombres satisfacían entre sí sus crecientes necesidades, haciendo uso de sus cuerpos desnudos untados del lubricante de las armas o mezclando la tierra con el agua para hacer lo propio con el barro... La arena, el sol. Todo parecía descontextualizado. Yo mismo en la nocturnidad encontré a un chico joven desmembrado con el que (…)+++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN +++

(…) íntima y cálida unión de sus cuerpos, y el roce de sus miembros encontraba algo oculto en ello, pero la pasión mental enlazaba de alguna forma nuestros espíritus, dando un sentido incomprensible a nuestra lujuria, y dedicábamos todos los esfuerzos en que no se apagará la llama del deseo. En esa búsqueda, muchos cayeron muertos, completamente sedientos por no poder apaciguar su apetito salvaje y desmesurado que les obligaba a degradar sus cuerpos, ofreciéndose a desempeñar cualquier papel que pudiera garantizar el dolor y la degradación física que les mantenía en éxtasis. No recuerdo nombres, no, ni recuerdo a Octavius ni a De Hett. Todos eran sombras. Todos éramos sombras de colores, bailando sin más música que la que emitían innumerables gemidos de placer y alaridos de dolor mientras manoseábamos los cuerpos (…)+++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++


(…) que ahora me parece excesivo y sádico. Pero entonces resultaba inevitable, era como una simple rutina ¡Padre! ¡Tiene que entenderlo! ¡No éramos nosotros! Como soldados tenemos las manos tan manchadas de sangre que no notamos la transformación. Mi trabajo siempre ha sido herir y matar, sufrir y fornicar. Todo ello tan breve e imponente… y en este nuevo éxtasis encontrabas sentido a todo ese dolor. Disfrutabas con él. Lo querías. ¡Lo necesitaba! Sí, en el fondo el Dolor te hablaba y usaba una palabra muy poderosa. Decía “vivo, estás vivo! ¡Lo juro! Lo oía claramente. (…) Esta espiral depravada de lujuria nos hacía sentir perfectos después de tanto sufrimiento pues +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN +++ que cuando había necesidad de matar escribíamos nuestra necesidad con las armas o con los látigos sobre sus amoratados cuerpos. Pero dentro de toda esa vorágine destructiva, nuestros placeres pasaban con tanta vertiginosa rapidez como nuestras penas (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN+++


(…) fui enviado para evitar que cualquier movimiento Imperial pudiera interferir en nuestro Batallón e influenciar en la nueva unidad. Muy a mi pesar me incorporé en una unidad imperial. Una nueva unidad llena de hombres sanos sin imperfecciones. Jóvenes y robustos cuerpos. Pero algo me dio fuerza, y durante ese tiempo supe de nuevo quien era yo y pude controlarme, pero quería volver. Deseaba volver. Mi infiltración fue fácil, y me desenvolvía bien. Logré pasar completamente inadvertido y mi teatro duró lo necesario para poder sembrar mi imperceptible influencia. Pero mientras sembraba la maldad, los deseos volvían y me atormentaban. No lo sé explicar… ni el sol de ese planeta era tan duro como la represión que sufrían mis instintos carnales. Y era aún peor al contemplar a los jóvenes reclutas libres aún de mi pecado. Entonces cuando la persuasión estaba a punto de alcanzar su clímax, los cielos azules del planeta rugieron con la caída del Hielo espacial. Fueron los Lobos, esos verdaderos hijos del emperador, los que llegaron a nosotros. Y para mi salvación, me encontraron a tiempo. No hay +++GRABACIÓN CORRUPTA+++ agotado por la clausura, mientras un intenso sentimiento de soledad y de desagrado por mi cuerpo recorrían mi mente, pero noté que mis ideas ya no me abandonaban y volvían las palabras. Así empecé a conversar con el vacío y, era entonces cuando la locura me permitía sentir su proximidad con (…) +++IRRELEVANTE PARA LA INVESTIGACIÓN +++


(…) los terrores y los errores cometidos. Por eso Ruego al Emperador que las gentes que oigan mi confesión no lleguen nunca, por mero amor al brillo áureo de la lujuria, a prostituir su vida entregándola a otra causa alejada de la palabra del Emperador. Yo, ahora… Por pura vergüenza no puedo repetir otras cosas que he sufrido o causado. Pero lo que aquí he dicho estuvo y formó parte de mi vida y por desgracia no puedo enmendarlo. Mi corazón me dice que he vuelto a abrazar al Emperador, lo noto, pero aún aquí oigo la voz, la otra voz. Esa voz sensual. Sí, aún aquí abajo, está aquí, a mi alrededor. Y hace burla del mísero poder del Imperio. No, no. No quiero volver. Quiero volver.

¡Paradlo!

¡Haced que calle!

(Aullido)

(Ruido de ropa arrancada)

¡Quitadme la marca!

¡Quitádmela!

¡Padre!

¡Dios!

¡Emperador!

¡Por el Imperio!

¡Quítadme esta marca!

¡Libradme del Caos!

¡Nooooooooooo!

(Aullido largo)

(Ruidos de movimiento)

(Ruidos incomprensibles)

(Quejido)

(Sollozos)

(…)

+++ Fin de Confesión 93522.46425 +++

+++ Veredicto del Inquisidor Interrogador+++
El prisionero mostró arrepentimiento y disposición sincera parar abrazar la luz del emperador. Se le concede su deseo para volver a ella a través de los Hornos de Fundición del Mundo Prisión +++CONFIDENCIAL+++

+++Sello de Conformidad con Veredicto+++

+++Sello Confirmado+++

+++Prisionero Condenado+++
Historiatum Escriba Daelus Mars
TEMPESTUS.TALLARN.15678.61787.74563.55853

+++Condena+++
Muerte inmediata por la gracia del Emperador

+++Condena Confirmada+++

+++Estado a Fecha Actual+++
Ejecutado

+++ FIN DE TRANSMISIÓN +++